Prohibido prohibir
En la vida diaria también hay muchas prohibiciones: nada más salir veo que está “prohibido pisar el jardín“, luego un cartel me indica “prohibido girar a la derecha“, cuando me subo en el autobús se me “prohibe hablar con el coductor“, paso por la calle y “se prohibe la entrada a la obra a toda persona ajena a la misma“. Me tomo un café para recuperarme y está “prohibido el cante“. Y menos mal que ya cumplí los 18 años, porque “queda prohibida la entrada a menores“. Hasta la etiqueta de la ropa me prohibe cosas: “No utilizar lejía. No lavar en seco. No planchar“.
Y justo esto es lo que le pasó a Rosario, una chica de 20 años con un problema muy molesto en las manos (con un picor contínuo desesperante). Después de acudir a una herboristería fue a un naturópata que prohibió “todo tipo de cereales y azucar” (ésto último no se lo tomaron muy en serio). No hubo mayores estudios de por medio. La madre y cocinera se las ha estado ingeniando como ha podido, intentando con mucho esfuerzo y dinero que su hija no coma cereales. Desgraciadamente ésto no ha hecho que mejorara.
Prohibiciones sí, pero con fundamento, como diria Arguiñano. Esto es uno de los pilares fundamental de la Medicina actual y científica: lo que hagamos, que esté basado en hechos científicos probados. Que la Medicina sea ciencia.
De hecho, no van mal las cosas: los españoles vivimos mucho más, habiendo pasado la esperanza de vida en España desde los 35 (1900) a los más de 80 años actuales. Más buenas noticias: en los últimos 10 años hemos conseguido arañar 2 años más de vida. Esto es uno de los indicadores más representativos de la salud global de una comunidad, y en consecuencia, también de su estado de desarrollo
Quiero pensar que los médicos con nuestras prohibiciones tenemos algo que ver con ésto, lo que nos distinguiría de gente bien intencionada en la mayoria de los casos pero que con escasa o nula formación intentan ayudar al vecino.
Curiosamente, éste fin de semana he estado en la Serranía de Ronda en el precioso pueblo de Farraján, que Hemingway definió como “un cisne blanco sobre un estanque de esperanzas“. Y allí me he encontrado éste mosaico sobre las supersticiones. No tiene desperdicio.